viernes, 30 de marzo de 2012

B)DE ACUERDO A LA OCDE QUE EVALUACION TIENE MEXICO

Mejorar la calidad de la enseñanza en México requiere no sólo mantener una inversión creciente en el sector, sino crear un sistema de evaluación e incentivos para los docentes que sea robusto, transparente e independiente, afirmó el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), José Ángel Gurría, quien llamó al titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Alonso Lujambio, a agarrar el toro por los cuernos.
El organismo multinacional propone en sus recomendaciones que los profesores de enseñanza básica que tengan bajo desempeño de manera permanente sean excluidos del sistema educativo, y solicita a la SEP establecer periodos de inducción y prueba hasta de un año de tutorías, tanto para docentes recién egresados como para los que buscan una plaza definitiva, con el fin de fortalecer el sistema educativo.
Al entregar los resultados del acuerdo suscrito en 2008 entre la dependencia federal y la OCDE para mejorar la calidad y equidad de la enseñanza en México, Gurría demandó fortalecer los mecanismos de evaluación y selección de los docentes, pero sobre todo crear un marco adecuado de incentivos para los maestros, que sea transparente y esté bien delimitado.
Sin embargo, admitió que aun aplicando todas las acciones para elevar la calidad de la enseñanza y fortaleciendo el desarrollo económico del país, nos llevará 30, 40 o 50 años alcanzar el crecimiento educativo de los países más ricos.
En las 15 recomendaciones que la OCDE hace a la SEP destaca el papel de los maestros en la aplicación de mejores prácticas formativas, pero también la necesidad de robustecer los liderazgos y la gestión escolar. Por ello incluye como parte fundamental de la autonomía escolar que se permita a los directores de los colegios contratar y despedir a los profesores, así como demandar que los cargos directivos se asignen por concurso de oposición

En el documento Mejorar las escuelas: estrategias para la acción en México, la OCDE sostiene que la aplicación de sus sugerencias, entre las que se incluye fortalecer los consejos escolares, a los que se debe otorgar poder e influencia real sobre aspectos importantes de la escuela, demandará un gasto adicional que deberán cubrir la SEP y los estados.

En una ceremonia encabezada por el titular de la SEP y el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Rafael Ochoa, José Ángel Gurría reconoció que algunos de sus planteamientos pueden parecer obvios o repeticiones de algunas cosas que ya se han dicho.

No obstante, exhortó a Lujambio a impulsar su aplicación con la creación de un grupo de trabajo que dé seguimiento a las propuestas de la OCDE y del presupuesto que puede requerir su instrumentación, pues, enfatizó, no podemos caer en un proceso de rasgarnos las vestiduras y quejarnos de que se nos fue el tren.

El titular de la SEP aseguró que el gobierno federal recibe con entusiasmo las sugerencias de la OCDE, aunque destacó que muchas deben verse a la luz de la escala del sistema mexicano para hacerlas viables, tanto por el número de alumnos –cercano a 35 millones– como por el reto presupuestal que implican.

El funcionario insistió en que algunas han comenzado a instrumentarse, y destacó la evaluación para la asignación de plazas docentes y el fortalecimiento de la aplicación de exámenes estandarizados.

En contraste, el secretario general del SNTE advirtió que el mayor reto para elevar la calidad de la enseñanza es la enorme desigualdad social, y advirtió que mientras la equidad no sea la característica del sistema educativo, poco podremos presumir en materia de calidad.

TERCERA UNIDAD
3.1 NIVELES DE LA LECTURA
 A)EN QUE LUGAR SE ENCUENTRA MEXICO EN NIVEL DE LECTURA

Uno de cada dos alumnos, incapaz para “resolver problemas elementales”, según el PISA 2006
Chiapas, Guerrero y Tabasco, entre las entidades de peor desempeño; DF y NL, de las mejores
Se reciben los resultados sin autocomplacencias, dice la titular de la SEP al organismo mundial
Karina Avilés
En México, 50 por ciento de los jóvenes de 15 años se ubicó en los niveles cero y uno, los más bajos del rendimiento escolar en las habilidades científicas, matemáticas y de lectura, lo que significa que están poco calificados para pasar a los estudios superiores y resolver problemas elementales.
En contraste, ni siquiera uno por ciento logró colocarse en el máximo nivel de las tres competencias evaluadas en el Programa Internacional para la Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) 2006 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Además, el país cayó 12 puntos en lectura y ciencias, y sólo aumentó 19 en matemáticas, si se comparan los resultados con los obtenidos en 2000. Así, México se distingue una vez más por ocupar el último lugar no sólo en ciencias –como se adelantó la semana pasada–, sino también en las competencias lectoras y de matemáticas de las 30 naciones integrantes de la OCDE.
El organismo internacional dio a conocer ayer estos resultados en su sede de México, donde señaló que el hecho de que uno de cada dos estudiantes se encuentre en los niveles cero y uno es uno de los grandes desafíos para la nación, el cual sólo se compara con el que enfrenta Turquía

Ya no es apreciación subjetiva sino hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros. Se hizo todo lo posible, que conste. Y aunque haya sido en vano, hay dignidad en la derrota. Así pues, relajémonos, respiremos hondo, tomemos un descanso.
Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que al mexicano (el 99.99 por ciento) no le gusta leer. Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata. Años de esfuerzo educativo, de aventar dinero a raudales en bibliotecas, centros culturales, publicidad, cursos, campañas y ferias, premios y becas, ofertas y descuentos, clubes y talleres, mesas redondas y presentaciones… Todo para merecer la sincera respuesta: No, no queremos leer. Que no nos interesa. Que no. Que no queremos. Que no haya libros y ya. Punto. No. ¡Que no! Ene, o = NO.
En ese desolador paisaje de estadísticas, las más tristes son las que, como recodará el lector de Letras Libres, Gabriel Zaid difundió hace poco en su ensayo “La lectura como fracaso del sistema educativo”. Una de ellas señala que hay 8.8 millones de mexicanos que han realizado estudios superiores o de posgrado, pero que el dieciocho por ciento de ellos (1.6 millones) nunca ha puesto pie en una librería. Luego de mezclar cifras y trazar constantes, el lacónico Zaid concluye: “La mitad de los universitarios (cuatro millones) prácticamente no compra libros.” Luego dice que “en 53 años el número de librerías por millón de habitantes se ha reducido de 45 a 18” en la culta capital. Es decir: a mayor esfuerzo educativo, menos lectores. Esto demuestra algo realmente inaudito: en México la clase ilustrada es aún más bruta que la clase iletrada.